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Compartía esta semana con una colega, en el trascurso de una sesión de mentoría que le hacía, una situación muy típica que se suele dar en el ámbito organizativo. Que un “jefe” solicite un proceso de coaching para un miembro de su equipo. Hasta aquí todo puede parecer normal, y hasta un ejemplo a seguir. Como suele ocurrir en el campo relacional y sistémico, el asunto tiene más miga de la que parece.
Imagina que tú, como directivo, tienes un miembro en tu equipo que crees que no está obteniendo los resultados que debería, o que hay algún aspecto de su liderazgo, o de su modo de trabajar, que debería mejorar, o incluso que tu relación con él es difícil, tensa. Y para añadir más realismo, imagina que estás bajo el estrés del día a día (tanto el lo profesional como en lo personal), y la presión de los resultados. Si te tomas el tiempo para ponerte en situación…
¿Qué harías al respecto? ¿Cuál sería tu modo de actuar?
Como actuamos dice mucho de nosotros, y de nuestro estilo de liderazgo. Y obviamente tiene un impacto en las personas implicadas, y contribuye a un resultado u otro.
¿Qué pasó exactamente en este caso? Te lo cuento ahora, pero antes prefiero plantearte unas preguntas a modo de reflexión, que también indican unas pautas a seguir si se te presenta esta situación:
Esta situación puede ser una grandísima oportunidad para:
Y ahora sí, ¿quieres saber que ocurrió en este caso real? En general, y por desgracia, todo lo contrario a lo que mis preguntas sugieren. ¿Cual será el resultado probable? Creo que ya te lo imaginas…, que la persona se marche, que se pida una baja, que la despidan en cuanto acabe, o cualquier otra opción parecida. Y además se habrá dedicado un tiempo, y un dinero para prácticamente nada. Sin hablar del impacto que esto produce en la relación, en el ambiente, y a la autoestima y el estado anímico del cliente.
Pero tampoco quiero que se piense en ello bajo el prisma de víctimas y culpables. Ya somos adultos, y todos tenemos la responsabilidad de buscar nuestro bienestar, de construir nuestro futuro, y de desarrollarnos profesionalmente como queremos y dónde queremos. Aunque a veces resulte retador.
Como siempre, deseo que este post enriquezca tu liderazgo y tu vida.
Antonio Ruiz