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Me debatía sobre qué escribir esta semana. Y hay un tema que se repite en mis procesos de coaching y que, en mi opinión, es uno de los grandes desafíos del liderazgo, “la gestión de la responsabilidad”.
Escrito así parece algo sencillo, ¿verdad? Yo mismo así lo creía. Incluso alguien me podría decir: “Es fácil, en la definición de cada puesto están las responsabilidades especificadas”. PERO la realidad es mucho más compleja y elaborada.
Hay personas expertas en cogerla: la suya y ¡la de los otros! Y hay expertos en soltarla, o ni siquiera coger la que les corresponde. Aunque los casos con los que suelo trabajar tienen más que ver con asumir un exceso de ella.
Sea como sea, es un tema de gran importancia a la hora de liderar un equipo, una organización, invertir con otros socios, o incluso en tu vida, con tus seres queridos. Además, en mi experiencia, una buena gestión de ésta es signo de madurez emocional.
Veo continuamente en mis sesiones socios que asumen toda la responsabilidad de las decisiones tomadas por la junta de accionistas, o empleados que se acaban responsabilizando de una gran carga de trabajo y tareas, mucho más allá de lo que les corresponde a costa de su vida personal y salud, o mandos intermedios que, después de darlo “todo”, asumen el 100% de los errores o las consecuencias de ciertas decisiones, sin identificar la parte de responsabilidad de su jefe directo o incluso de la compañía.
¿Por qué cuesta tanto gestionarla? O incluso una vez detectado, ¿por qué resulta tan difícil cambiar el modo de hacerlo? Porque conlleva un gran componente emocional y sistémico. Gestionarla adecuadamente puede requerir poner límites, tener conversaciones difíciles, cambiar patrones de comportamiento arraigados (el salvador, el gregario, el rebelde, etc.), en ocasiones sentirse culpable, e incluso nos puede retar a tomar decisiones difíciles (¿dejar la compañía?) y a cambiar patrones de relación con mi familia. Además, tomar consciencia del modo en el que la estamos gestionando suele ser complejo, y suele requerir de ayuda externa. Es un modo de funcionar que se he dado por bueno, y que sólo se suele cuestionar cuando llegamos al límite: mental, física y emocionalmente.
Algunas preguntas que te pueden ayudar a manejarla mejor son:
Deseo que este artículo enriquezca tu liderazgo y tu vida.
Antonio Ruiz