Categorías
- Inteligencia Emocional (15)
- Liderazgo Relacional (23)
- PNL (9)
- Sistémica (13)
Recent Posts

Esta semana me operaron. Llevaba tiempo con pólipos en la nariz, y después de bastantes años, retrasos, e intentos en vano de “repararlos” por la vía fácil (la medicación), me decidí a operarme. Todo este proceso ha sido muy simbólico. El tiempo después de la operación, mientras reposaba en el hospital acostado en la cama, con la nariz vendada, me dio para reflexionar. No tengo claro si fue fruto de la anestesia, o de parar por “narices” mi actividad, y poder pensar. Yo quiero creer que una combinación de ambos. Lo cierto es que la operación me iba a permitir respirar como hacía tiempo que no lo hacía. Es verdad. En mi última revisión con la fabulosa otorrino que me ha atendido (aprovecho para darle las gracias aquí por su profesionalidad, y excelente trato y cuidado), me dijo algo que me impactó, y que me ayudó a tomar la decisión de operarme con más fuerza: “Te has acostumbrado a respirar así, y esto te parece ahora normal. Cuando te operes notarás una gran diferencia”. De hecho, tengo otros síntomas, no huelo, y por lo tanto, tampoco distingo los sabores. Pero lo cierto es que me había acostumbrado a respirar a medio gas, me parecía lo normal, o lo suficientemente bueno para no operarme, para no «sufrir» el postoperatorio. Y durante ese espacio de reflexión, esta idea la extrapole a mi vida:
Recuerdo que siempre me reía de mi madre, porque postergaba la visita al dentista por miedo al dolor (algo que era lógicamente inevitable, e incluso peor si lo seguía retrasando). ¡Y al final yo he hecho lo mismo! Gran lección de humildad. Como decía Gandhi, ten cuidado cuando señalas con el dedo a alguien, porque los restantes 4 dedos te señalan a ti.
En general, y en mi caso así es, respirar está relacionado con la vida, con tomarla plenamente, con proveer de energía a mi cuerpo, con sentirme más vital, poder disfrutar de nuevo de los olores, y volver a saborear los distinto platos que coma. Yo me había conformado con hacerlo a medio gas, o sin éste. Escribo este artículo aún con la venda en la nariz. En unas horas tendré mi revisión donde supuestamente me retirarán los tampones que retienen la hemorragia, y empezará el proceso de cicatrizado (con lavados regulares al día durante varias semanas). Sí, está siendo tedioso, cansado, a momentos desesperante, con falta de sueño por la dificultad para dormir con la nariz así, pero ahora mismo, haber tomado conciencia de esta situación, y saber hacia dónde me dirijo me da fuerzas para “pagar” el precio.
Y tú, ¿has detectado aquellas zonas de confortable incomodidad en tu vida? Y después de leer este artículo, ¿qué decides hacer?
Deseo que este artículo te ayude a crecer.
Buen fin de semana
Antonio Ruiz
PD: Quiero añadir unas reflexiones posteriores fruto de algunos comentarios recibidos, y de algunas observaciones que he realizado en estos días. Me decía una clienta en Linkedin que «respirase hondo», y llevo estos días dándome cuenta de que no respiro todo lo profundamente que podría ahora. Ahora puedo, tengo la capacidad, pero no lo hago. Mi cuerpo, mis pulmones, y seguramente mi mente, se han acostumbrado a respirar a media capacidad! Esto me conecta irremediablemente con los recuerdos de mi ex-suegro, que murió de cáncer de pulmón, y tengo las imágenes claras de como su respiración se iba «apagando»…. Ahora me doy cuenta de que durante todo este tiempo he estado «medio vivo», y también «medio muerto». Con una respiración que se ha ido apagando lentamente. Lo justo para no darme cuenta, para no alarmarme, para poder vivir y «sostenerlo» sin entrar en pánico (no iba a morir de ello claramente). Ahora lo que me preocupa es que haya «otras partes de mí» que se están muriendo lentamente sin darme cuenta… No sé si la decisión es tan clara siempre, pero creo que vale la pena parar, reflexionar sobre ello, tomar consciencia, y desde ahí, también conscientemente, tomar decisiones.